miércoles, agosto 30, 2006

Vicente Luis Mulero Carbonell

Vicente Luis Mulero Carbonell cuenta algunos detalles de su vida cotidiana. Hay cosas que no producen ninguna inquietud a quien las hace, sino, en todo caso, un suspiro de alivio; para quien las recibe sus efectos pueden ser como los de una puñalada que produce terroríficos desgarros en su estado de ánimo.
¿Cómo percibe la sociedad la minusvalidez? Hace tiempo, yo estaba en una cola en un ambulatorio de la SS y la persona que la atendía tenía graves problemas de dicción. Una señora que también estaba en esa cola se percató de ello y dijo <¡es un minusválido! ¡y está trabajando y mi marido en el paro!>. Conocí a un ciego que vino a trabajar a Valencia. Como era de otra ciudad, le acompañaba una sobrina carnal. Ésta, como contrapartida a los cuidados que le dispensaba, le pidió que le comprara un coche. El ciego lo compró, lo puso a nombre de su sobrina y contrató un préstamo con un Banco, para pagarlo. A continuación, ella desapareció con el coche y él quedó con la obligación de pagar los recibos hasta el final. Se vio obligado también a ir contratando diversas personas para que lo cuidaran y todas, una tras otra, se iban aprovechando de su ceguera para timarlo.
Esta sociedad nuestra puede admirar, imitar y adorar a personajes como Javier de la Rosa, Jesús Gil, o a un deportista que deba sus éxitos al dopaje, pero es muy remisa a captar el mérito de unas personas que deben desarrollar grandes esfuerzos para vivir y para mantener su estado de ánimo.
Lo mismo da usar la palabra minusválido que discapacitado. Al final, lo que queda es lo mismo. Gente que se enfrenta a unas barreras que no deberían estar, porque lo importante de un animal es su condición física, pero se supone que las personas tenemos otros valores.
¿Cómo toman el asunto los minusválidos en general? Cuando yo todavía veía la televisión, hicieron un programa sobre minusválidos. Creo que el presentador fue Gabilondo. Yo esperaba que explicaran sus problemas y se ayudaran unos a otros. Sin embargo, lo que buscaban quienes fueron al programa era la aprobación de los "sanos". El programa me hizo recordar "la tercera generación", de Chester Himes, en la que los negros reproducen entre ellos los esquemas racistas de los blancos. El planteamiento es erróneo. No debería existir el concepto de la minusvalía ni el de la discapacidad. En la sociedad deberíamos tener cabida todos por igual.


Las audiencias televisivas

Acerca del Opus Dei

Libros - 'Bésame mucho'

También en
Periodista Digital

1 comentario:

Zuriñe Vázquez dijo...

Un muy humano texto. Hace falta ver a los incapacitados sin que casi nos demos cuenta de su incapacidad. Y la verdad que se esconden tanto, y no deberian, yo veo tan pocos en la vida pública que es como si se quedaran encerrados en su cubiculo. Cualquiera podemos estar incapacitados en cualquier momento.