viernes, septiembre 22, 2006

El futuro de las fallas

La fiesta de las fallas tiene tantos elementos que la hacen grande que merece que sea cuidada con esmero. Sin embargo, en lugar de esto prima la permisividad, de tal modo que además de una fiesta se ha convertido en una molestia, a la que ya se critica sin recato. Y no sólo se permite a las comisiones falleras cometer excesos de todo tipo que, al final, resultarán perjudiciales para todos, sino que también se consiente que una de las fallas desvirtúe el sentido de la fiesta, buscando la espectacularidad y la monumentalidad. No deberían dejar el Ayuntamiento y la Junta Central Fallera que el dinero fuera el factor fundamental de nuestras fallas, porque ello puede acabar significando su desaparición. Plegarse ahora a las necesidades de una falla concreta, que mañana puede tener otras diferentes, puede acabar desmotivando al resto de las comisiones y sobre todo al público valenciano.
El dinero no puede ser el centro de la fiesta fallera ni tampoco la posibilidad de hacer negocios debe ser tenida en cuenta. Las fallas no deben salir de lo que fue su propósito inicial, aquello que las ha hecho llegar a su situación actual. Flaquear ahora frente a las apetencias de los adinerados puede ser el inicio de la decadencia. Por el contrario, instituir unas normas claras y unos límites en cuanto a presupuestos, tamaños y ocupación de las zonas públicas puede servir como muestra de la voluntad de perdurar.


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