martes, mayo 30, 2006

¿Por qué, Señor, has tolerado esto?

Las atrocidades de las que es capaz el ser humano ni comenzaron ni terminaron ahí. No creo que a nadie le quepa ninguna duda de que si volvieran a darse las mismas circunstancias en el mismo o en cualquier otro lugar ocurriría igual. El gusto por la impunidad sigue vivo y quien tiene estos gustos no es para hacer obras de caridad. Es muy cómodo asignar estos hechos al pasado, como si en nuestros días, y muy cerca de nosotros, no estuvieran ocurriendo cosas que deberían poner los cabellos de punta, si no estuviéramos acostumbrados a cerrar los ojos. En la misma España están recibiendo alabanzas, o casi, individuos cuyo pelaje no se antoja mejor que el de los nazis. Cuando se tiene la posibilidad de hacer mal y a ésta la acompaña el deseo de hacerlo, es muy fácil encontrar excusas para ello.
También sabemos de nuestra capacidad para teorizar y tener discusiones bizantinas hasta el infinito, pero lo cierto es que el hambre, que es una atrocidad tan grande como el nazismo sigue sin ser tratada frontalmente. La oleada inmigratoria obligará a tenerla más en cuenta.


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