sábado, mayo 13, 2006

El timo de los sellos

Un ahorrador español con no excesiva, o nula, cultura inversora y quiera colocar sus ahorros de modo que logre una rentabilidad un poco más alta de la que ofrecen las Letras del Tesoro o las imposiciones a plazo bancarias, tiene el asunto difícil. La bolsa es sumamente peligrosa para quien no está al tanto de lo que se cuece allí. E incluso estando al tanto. No hay más que recordar lo que ocurrió a los accionistas de Banesto, hace unos años. Había sido el Banco más importante de España durante mucho tiempo. En esos momentos estaba presidido por un personaje muy brillante y que sobresalía entre lo más granado de la sociedad española. Quienes no seguían mucho la Bolsa podían pensar que el dinero que tenían invertido en ese valor estaba seguro. Incluso muchos empleados de ese Banco habían empleado su dinero en la compra de esas acciones. Quienes seguían las evoluciones bursátiles un poco más de cerca pudieron enterarse de que todos o casi todos los Fondos de Inversión tenían Terra en su cartera. Que grandes Bancos habían comprado Terra a precios altos y los especialistas recomendaban comprar ese valor. Estos dos ejemplos pueden servir. ¿Podrían las autoridades haber intervenido antes y haber evitado con ello que los inversores desprevenidos perdieran sus ahorros? Si todos los que no tienen suficientes conocimientos sacan su dinero de la Bolsa, ésta se viene abajo.
Si la Bolsa resulta azarosa, hoy en día tampoco resulta atractivo invertir en el mercado inmobiliario. Aparte de la gran cantidad de avisos que hay diciendo que la burbuja va a explotar, el hecho de comprar una vivienda que no se necesita también crea problemas morales, pues con ello se incita a construir más de la cuenta.
El negocio de los sellos funcionaba a la vista de todos. Ello induce a pensar que todo está en regla. El modo de captar inversores tampoco es inusual. ¿Podrían las autoridades haber actuado antes? Ahora resulta que quizá hayamos de pagar entre todos la estafa, o parte de ella. Y todo por culpa que quienes teniendo la obligación, por lo menos moral, de vigilar el cumplimiento de las normas se distraigan.

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1 comentario:

Zuriñe Vázquez dijo...

Siempre es lo mismo, se llega tarde. Y siempre caen los mismos, la gente mayor, la que ha conseguido unos ahorrillos, y que no analizan detenidamente donde puede ir su dinero. En fin es triste y es repetitivo. Hasta la próxima estafa. Saludos valenciano.