domingo, enero 08, 2006

Ollanta Humala, ¡Santo Cielo!

Aunque Estados Unidos no le hubiese aplicado el bloque, no es probable que la Cuba de Fidel hubiese salido a flote. Las dictaduras tienen un techo. El bloqueo sirve como coartada. No se trata de criticar a la primera potencia mundial, que al carecer de contrapeso ejerce su política sin obstáculos de ningún tipo. Europa debería ser el contrapeso natural de la gran potencia, pero las naciones que componen la Unión Europea andan defendiendo sus respectivos intereses egoístas.
Si Europa tuviera una mayor homogeneidad no es probable que hubiera sucedido la invasión de Iraq.
También China hace necesaria esa fortaleza europea, pues aunque se puede suponer que el confort económico llevará a los chinos a querer la democracia, no se puede predecir como ni cuando la alcanzarán.
Y mientras los opulentos discuten sus intereses egoístas, los grupos pobres y oprimidos desarrollan sus estrategias. Éstas se producen a la luz del día y son previsibles, pero siempre nos pillan por sorpresa, quizá porque las medidas a tomar para hacerles frente requieren de mucho esfuerzo.
Chávez está derivando a Venezuela hacia formas dictatoriales, propósito que cada vez es más evidente y que su amistad con el dictador cubano hacía prever. Presumiblemente, está financiando con dinero de los venezolanos, no suyo, a Evo Morales y Ollanta Humala. Con respecto a este último no me resisto a contar la anécdota de una profesora limeña que, en contra de lo habitual, tuvo que tomar un taxi para acudir a su trabajo. Poco tardó el taxista en preguntarle a quien iba a votar en las próximas elecciones. El simple hecho de que ella mostrara sus reticencias hacia Ollanta Humala fue suficiente para que el taxista sacara a relucir todo el odio y todo el resentimiento que siente hacia una parte de la sociedad peruana, a la que acusa indiscriminadamente. Azuzar el odio es un buen modo de ganar votos. Los politicastros lo hacen.
No importa que Chávez, Morales y Humala gobiernen en Venezuela, Bolivia y Perú, este último si lo consigue. Quizá si se aplicaran a profundizar el sentido democrático de sus conciudadanos podrían generar justas esperanzas. Pero todo apunta a su intención es la opuesta. Establecer la dictadura es un paso atrás. Quizá sus conciudadanos lleguen a darse cuenta, muchos venezolanos ya lo piensan, de que cuando las cosas van mal, aún se pueden poner peor.

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