lunes, octubre 31, 2005

Eutanasia

Cada óvulo tiene la posibilidad teórica de fertilizado por un número tan grande de espermatozoides, que casi podría se considerado infinito. El hecho de nacer, pues, puede considerarse, en principio, como algo sumamente afortunado. Y digo en principio porque luego nos empeñamos en dejar morir de hambre a millones de "afortunados" compañeros de viaje por la vida, etc.
He comenzado por algo tan obvio y tan sobradamente conocido, para hacer hincapié de este modo, en el instinto de supervivencia, que nos lleva a aferrarnos a la vida, aun en las más penosas condiciones.
Somos lo que pensamos, aquello que nos esforzamos en ser. La gama es tan amplia que va desde lo más sublime hasta lo más infame. Hay quien sabe encontrarle sentido a la vida incluso entre fuertes dolores y hay quien desiste mucho antes.
Creo que legislar sobre la eutanasia es muy difícil. Por supuesto que llegado el momento en que la vida se puede prolongar o no artificialmente, la decisión se torna sencilla. Por supuesto, que hay que evitar el dolor, en la medida de lo posible.
Un testamento previo, en el que quede constancia de la elección para cuando llegue el momento de hacer uso de él, tampoco lo considero aconsejable, porque lo que vale es lo que se desea en ese mismo momento.

2 comentarios:

Inchina dijo...

Tienes razón, es un tema tan complicado... Por un lado, creo que cuando uan persona toma una decisión tan importante es porque realmente no quiere vivir y nadie debería obligarle a lo contrario.

Pero, por otro lado, a veces nuestro estado de ánimo puede engañarnos y hacernos pensar que la situación es mucho peor de lo que lo es realmente. ¿Quién no ha hecho nunca una montaña de un granito de arena? ¿O quién dice que una persona no pueda decidir vivir en el último momento, aunque haya dejado constancia de lo contrario en su testamento?

Es tan delgada la línea que separa la vida de la muerte que me parece imposible establecer una legislación, como tú bien dices, al respecto.

Saludos :)

Zuriñe Vázquez dijo...

Hay momentos en que si una persona es consciente de lo que quiere y no ve salida se le debería de ayudar a cumplir su deseo, que no es otro que descansar por fin. Tal vez no sirvan los testamentos anteriores, es cierto, que el estado de ánimo puede variar, pero si el momento actual en el que se encuentre el paciente. Y eso es lo que tiene que primar. Su deseo consciente de morir. Con la supervisión de un psicólogo. Pero nunca obligar a vivir con dolor a aquellos que no quieren. Ese es el máximo respeto hacia las personas, por más que duela a sus seres queridos. Es parte del amor. Claro ejemplo lo tenemos en "Ramón Sanpedro". Un abrazo