jueves, noviembre 10, 2005

Inmigración

En el mundo desarrollado se puede vivir muy cómodamente. Y la comodidad no propicia que se vean otras realidades. Hemos considerado las nuevas tecnologías, teléfono, televisión, internet, como una comodidad más. Pero, supongamos que alguien de un país pobre, por ejemplo de África, que sepa idiomas, español, pongamos por caso, y se asome a internet y caiga casualmente en lo que yo escribo, otro ejemplo, pensará que entre él y yo no hay diferencias. ¿Y porqué ha de pasar él tanta hambre? ¿Para qué ha de esperar a que llegue el desarrollo a su país, cosa que puede demorarse mucho? Es más fácil venir. La cuestión es que para ello no sólo ha de arriesgar su vida. Muy a menudo ha de pagar a extorsionadores, para que le ayuden en sus propósitos. Y cuando llega a su destino, si llega, pronto se da cuenta de que está fuera del sistema. Para intentar entrar, a menudo tiene que recurrir a otros extorsionadores. Los que han llegado ya no ven la riqueza por televisión, como antes, sino que la ven pasar ante sus ojos. Tenemos una bomba de relojería en nuestras ciudades. Una bomba que cada vez se hará más grande. El único modo de desactivarla consiste en integrar a los que llegan. Hay que evitar en lo posible que formen guetos y para la mejor solución consiste en interesarse por los inmigrantes cercanos. Preocuparse por ellos, saber de sus vidas. Los ayuntamientos también tienen mucho que decir en este asunto. Hacen falta concejales imaginativos, me atrevería a decir que menos preocupados por la esencia, eso tan fácil vigilar y que tantos votos da, y más por anticiparse a los problemas que pueden venir.


El hombre que ríe

Benisa

Sandrine

1 comentario:

Zuriñe Vázquez dijo...

Los has expresado tan sencillamente como es. Es el reto del futuro. La inmigración que parece la gran olvidada, hasta que está empezando a estallar. Lo de París es un ejemplo adelantado, porque ya iba por delante de nosotros en recibir emigrantes. Luego vendrán las demás ciudades. Yo soy inmigrante, del país vasco he ido al sur. Pero yo tengo suerte. No procedo de un país pobre, ni llevo velo, ni tengo otro color, ni otra religión, ni...