viernes, septiembre 02, 2005

Sobre las afinidades ideológicas


A la hora de evaluar a una persona debería tenerse en cuenta el aforismo de Cervantes: No es un hombre más que otro, si no hace más que otro.
Es decir, hay que fijarse en la magnitud del esfuerzo que ha sido capaz de realizar la persona que se juzga y no los consecuciones materiales que presenta, que puede haber conseguido de diversos modos. Muchas veces es difícil averiguar lo que ha hecho alguien. Es conocido también aquello que decían los indios de que no se puede juzgar a alguien si no se está dentro de sus mocasines.
Juzgar sin necesidad es de bellacos y al hacerlo cuando es necesario hay que extremar la prudencia y no ir más allá de lo obligado.
La generosidad en el esfuerzo da idea del talante de la persona. Una persona generosa se preocupa por la política, porque busca el bien común de todos sus conciudadanos. No se le puede exigir a nadie que acierte en sus elecciones políticas, entre otras cosas porque si fuera posible determinar qué lo acertado y lo incorrecto, tendríamos mucho camino andado. Lo que sí se debe exigir es que la elección la haga con sinceridad y cuidado.
Fijarse en las afinidades ideológicas a la hora de otorgar los afectos, en lugar de prestar atención a la calidad de la persona (y cuando hablo de calidad me refiero al aspecto moral), resulta claramente empobrecedor.

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